La Web, ese gran desconocido. Aumentando la ubicuidad en cuanto a conexiones a Internet es de esperar que en algún momento las aplicaciones dejaran de ejecutarse en cada ordenador.
Hoy por hoy podemos almacenar nuestros datos en servidores protegidos, de manera que podamos acceder a ellos desde cualquier dispositivo conectado a Internet (por el medio que sea: conexión tradicional o 3G). También podemos aprovechar la nube para acceder a datos en tiempo real, pasar nuestro tiempo libre o estar en contacto con nuestros allegados.
Quedará por reflexionar sobre la falta de privacidad y de seguridad que ello conlleva: si se cae Gmail, por ejemplo, vemos a miles de usuarios sin servicio de correo electrónico. Si se cayera Google Docs (o el equivalente de Microsoft) muchos no podrían acceder ni trabajar con sus documentos, y así hasta la saciedad. El uptime es vital en éste tipo de servicios.

Hasta hace tan solo un par de años, Rapidshare era uno de los cyberlockers más poderosos del mundillo de Internet. La persecución del albergue de contenidos piratas en este tipo de sitios, junto con el golpe de gracia del cierre de Megaupload el año pasado, fue el principio del fin para los cyberlockers, tendencia a la que no ha podido escapar Rapidshare.
Justamente con el cierre de Megaupload, Rapidshare se convirtió el alternativa, aunque en los últimos tiempos está muy lejos de serlo. El servicio ofrecía dos tipos de descarga, una para quienes no tuvieran una cuenta premium y otro con más velocidad para los que tuvieran cuentas de pago, ambas ilimitadas. A fines del año pasado, rapidshare estableció un modelo de negocio que restringía la cantidad de gigas descargados por día.
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